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La Zaranda vuelve por sus fueros con un espectáculo que coge a un expresidiario, a dos prostitutas y a un loco lúcido para mostrar las miserias de su existencia y hallar una particular poética en unos personajes sórdidos, aunque no exentos de dignidad. Todo ello con el estilo tan particularmente barroco de la Zaranda, en una obra que interroga sobre el papel que tienen en el mundo y de mirar la periferia, también desde la periferia, para ver el cielo. Un universo luminoso sobre lo que nos vendrá después.